Durante casi 2,000 años, el libro de Romanos ha moldeado la vida de los cristianos de maneras extraordinarias.
Agustín, Martín Lutero, Juan Calvino y Juan Wesley dieron testimonio del poder transformador de Romanos. A lo largo de los siglos, Dios ha usado esta extraordinaria carta para traer convicción, renovación y una comprensión más profunda del evangelio.
Mientras he dedicado el último año a estudiar y enseñar Romanos, he descubierto que Dios ha continuado esa misma obra en mi propia vida. Personalmente, Dios me ha desafiado y renovado a través de estas palabras de las Escrituras, y mi esperanza es que Él haga lo mismo contigo.
Las preguntas que todos nos hacemos
Romanos ha sido tan influyente porque Pablo aborda algunas de las enseñanzas más fundamentales de la Biblia, así como algunas de las preguntas más personales que enfrentamos como seres humanos.
¿Qué significa hacer la voluntad de Dios?
¿Cómo podemos tener una relación segura con Dios?
¿Cómo crecemos y cambiamos?
¿Quiénes somos?
Mientras estudiaba y enseñaba Romanos, lo que más me sorprendió no fue simplemente la profundidad de la teología de Pablo. Fue la manera en que esta carta examinó mi propio corazón.
La respuesta de Pablo a cada una de estas preguntas nos remite en última instancia a la misma realidad: el evangelio de Jesucristo. En el corazón de la Carta a los Romanos se encuentra la declaración de Pablo:
"A la verdad, no me avergüenzo del evangelio, pues es poder de Dios para la salvación de todos los que creen: de los judíos primeramente, pero también de los que no son judíos. De hecho, en el evangelio se revela la justicia que proviene de Dios, la cual es por fe de principio a fin... 'El justo vivirá por la fe'."
El evangelio es el poder de Dios para salvar de la condenación y la muerte a todo el que cree, y darnos nueva vida en Cristo. Por medio de la fe en Jesús, entramos en una relación segura con Dios, somos transformados por el Espíritu Santo y unidos como una sola familia, sin importar la raza, etnia, género o condición social.
La sorpresa que nos espera en Romanos
Mientras estudiaba y enseñaba Romanos, lo que más me sorprendió no fue simplemente la profundidad de la teología de Pablo. Fue la manera en que esta carta examinó mi propio corazón.
Romanos nunca deja la teología solo en papel.
Me encontré volviendo una y otra vez a las exhortaciones de Pablo en Romanos 12–15 para crecer como una persona que ama más a los demás. Quiero ser un hombre alegre en la esperanza, paciente en el sufrimiento y que persevere en la oración; pero, por encima de todo, que mi vida esté marcada por un amor genuino hacia los demás.
Porque a menudo cuando surgen malentendidos, cuando nos sentimos decepcionados o cuando los demás nos hieren, es cuando nuestro carácter y nuestra alma quedan realmente al descubierto.
Jesús llama y salva a personas de toda clase, con diferentes trasfondos, convicciones, personalidades y heridas. Crecemos a la semejanza de Cristo, pero no nos convertimos en personas idénticas. Tarde o temprano habrá malentendidos y heridas, incluso entre el pueblo de Cristo. Romanos nos recuerda que el mismo evangelio que nos reconcilia con Dios también nos enseña a amarnos unos a otros.
El evangelio es más grande que yo
Aunque es cierto que cada uno de nosotros debe responder personalmente al evangelio y encontrar una relación correcta con Dios mediante la fe, el evangelio no se trata solo de mi fe personal ni de tu fe personal. Tampoco se trata únicamente de mi pecado personal ni de tu pecado personal.
El regalo de la justificación por la fe para ti y para mí como individuos es, en realidad, parte de la obra universal que Dios está realizando por medio de Jesús en el de Su Espíritu.
El problema no es simplemente que las personas hayan pecado. Toda la creación está corrompida y necesita redención.
Dios está poniendo el mundo en orden.
Desde el principio, el propósito de Dios ha sido volver a habitar con Su pueblo. Por medio de Jesucristo y del Espíritu Santo, Él nos está haciendo santos, buenos y hermosos. El final de la historia bíblica es una nueva creación en la que Dios habita con Su pueblo, y finalmente estamos en casa.
Como ha señalado un teólogo: "La salvación no es solo el regalo de Dios para Su pueblo; es también el regalo de Dios por medio de Su pueblo".
Dios nos rescata del pecado y de la muerte no solo para que seamos reconciliados con Él, sino para que ocupemos el lugar que nos corresponde en Su obra de renovar la creación. Como ahora tenemos una relación correcta con Él por medio de la fe, somos invitados a participar en la obra de Cristo de traer redención al mundo.
Una invitación
Por eso, Romanos nunca deja la teología solo en papel. El evangelio moldea a las personas, forma comunidades marcadas por la gracia y nos envía al mundo como embajadores de Jesucristo.
Al comenzar este estudio, quizá sea buen momento para plantearte estas preguntas:
¿Cómo podría Dios estar llamándote a bendecir a otros en tu familia, tu vecindario, tu iglesia o tu lugar de trabajo?
¿A quién podría Dios estar guiándote a hablarle acerca de la vida que se encuentra en Jesús?
¿Hay alguien que te venga a la mente incluso ahora que necesite tu amor y tu testimonio del evangelio?
La alegría del evangelio no consiste solo en que lleguemos a conocer y experimentar a Dios, sino también en que tenemos el profundo gozo de ser Sus embajadores y testigos.
Desde el principio, el propósito de Dios ha sido volver a habitar con Su pueblo.
Durante casi 2,000 años, Dios ha usado esta extraordinaria carta para moldear a Su pueblo. Lo hizo en la vida de Agustín, Martín Lutero, Juan Calvino y Juan Wesley, y ha continuado esa misma obra en mí.
Mi oración es que, mientras estudias Romanos, Dios continúe esa misma obra en ti. Que Él profundice tu comprensión del evangelio, aumente tu amor por los demás, fortalezca tu fe y te llene de esperanza, paz y amor mientras Lo sigues .